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Portada noviembre-diciembre 2007 Las redadas de inmigración dejan niños desamparados

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Las redadas de inmigración dejan niños desamparados

Rdo. Emilio Müller

A lo largo del país esta ocurriendo un fenómeno de lesa humanidad. En muchos estados hay niños y jóvenes que han sido dejados abandonados a causa de las redadas que el Departamento de Inmigración ha estado realizando de manera indiscriminada en estos pasados meses. El escenario es simple. Los agentes de inmigración irrumpen en un centro laboral y arrestan a todas las personas que no tengan documentos. Después los transportan a centros de detención o, si están cerca de la frontera, los llevan al pase fronterizo más cercano y allí los hacen marchar hacia el otro lado.

Mientras se lleva a cabo este operativo, en las escuelas y guarderías quedan abandonados los niños de los padres que han sido arrestados o deportados. En el mejor de los casos, algunos niños quedan en manos de los amigos de los deportados y otros en manos de los Servicios Sociales que ponen a los niños en el sistema de “Foster Care”.

Es imposible imaginar el dolor y la turbación de estos padres y niños. Repentinamente los niños quedan huérfanos y sin saber qué pasó con sus padres, lo cual produce grandes traumas. Esto no es exageración, es la simple y constante realidad de miles de personas a través de toda la nación americana.

La Iglesia Metodista Unida siempre ha tenido un especial interés por el bienestar de los niños y de los desamparados. Esto se ha manifestado en documentos tales como la declaración de los Obispos en la década de los ochenta “Amar Al Extranjero” y en un sin número de resoluciones. También podríamos decir que la denominación ha estado presente en el movimiento de santuario tanto en el pasado como en la actualidad. Pero hoy hay que preguntarnos ¿Qué estamos haciendo por esos angelitos olvidados? ¿Qué estamos haciendo hoy por los niños abandonados por causa de la persecución inmigratoria?

Un buen número de personas que forman parte de nuestras iglesias metodistas unidas pertenecen también a aquellos que, buscando un futuro mejor para sus hijos, han venido a dar a esta nación de trabajo y sudor. Ellos ocupan funciones laborales que la mayoría de los ciudadanos de este país se rehúsa a ocupar. Ni siquiera conocen de las condiciones inhumanas en las que muchas veces los indocumentados tienen que trabajar, pero que son determinantes para el bienestar y el crecimiento de esta gran nación.

Los indocumentados de nuestras iglesias viven en las sombras, viven en el diario temor de la separación y la incertidumbre que trae la deportación de los adultos y el abandono de los niños. La iglesia ora y hace esfuerzos ante congresistas y autoridades para buscar una solución justa a un problema que afecta a más de 12 millones de inmigrantes. Pero mientras tanto siguen aumentando el número de estos “ángeles desamparados”.

La iglesia local debe convertirse en el amparo de estos niños. Nadie mejor que la iglesia, que sabe quiénes viven en las sombras, para proveer un poco de descanso y consuelo. La iglesia local debe elaborar documentos legales en asociación con los padres de esos niños, de modo que si ocurren deportaciones, la congregación tiene un poder legal temporal sobre esos niños y jóvenes, a fin de salvaguardarlos y más tarde devolverlos a sus padres. En verdad no estaríamos haciendo nada nuevo, pues el ritual mismo de nuestro bautismo afirma que la congregación declara que habrá de velar por la vida de esos niños ante sus padres y ante Dios mismo.

¿De qué sirve decir oraremos por ustedes, si no ponemos por obra el pacto que hicimos ante Dios y los demás? La Escritura misma pregunta ¿de qué le sirve al hermano que le digamos ve en paz, satisfecho y protegido de las inclemencias del tiempo, si no no le damos lo que es necesario para ello? ¿Qué habremos de responder al Señor cuando nos pregunte qué hicimos por estos pequeñitos? Cristo nos llama a tomar una parte más activa y real en la situación de estos niños y jóvenes en estos momentos.

--Rdo. Emilio Müller es pastor en Renton, Washington, revemuller@aol.com

La identificación del artículo: 257


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