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Portada septiembre-octubre 2007 La deshumanización del inmigrante

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La deshumanización del inmigrante

Humberto Casanova

El sufrimiento de los inmigrantes indocumentados es un tema que está en el corazón mismo de los derechos humanos. Uno de los calvarios por lo que los inmigrantes tienen que pasar es la total ausencia de apoyo frente a un sistema judicial decidido a echarlos del país. Sin recursos financieros y sin entender el idioma, los indocumentados pululan los tribunales para asentir a todo lo que se les impone. El gobierno no les asigna abogados para su defensa y, durante el año 2006, unos 350.000 casos fueron conducidos pro se.

Una situación típica es como sigue: En la corte, el indocumentado es llamado por el número de su caso. Un intérprete le pregunta si tiene abogado, a lo cual el inmigrante responderá que no, para seguir todo el proceso sin defensa alguna. El juez le explicará que el gobierno no ve base alguna para permitirle quedarse en el país y que tiene tres meses para abandonar el país voluntariamente.

Por tanto, es importante que la iglesia provea de asistencia legal a los inmigrantes, a fin de acrecentar las posibilidades de un proceso justo y para planear una buena defensa. La experiencia demuestra que un tercio de los casos que fueron procesados con asistencia legal tienen éxito.

Las redadas federales se han incrementado en las industrias y los campos a lo largo del país creando terror. Por ejemplo, una redada realizada en una fábrica de cuero, en New Bedford, Mass., fue conducida con armas, perros y un sinnúmero de agentes federales. Más de 200 niños fueron dejados abandonados en las escuelas y en los hogares, incluyendo niños de pecho. Más de 200 inmigrantes fueron enviados a centros de detención en Texas y Nuevo México. Ahora enfrentan el rápido proceso de deportación, quedando sus niños abandonados a merced del gobierno o los arrendadores. La única forma de no sentir una profunda compasión por la terrible tragedia de estas personas es deshumanizarlos como una especie de monstruo que invade nuestro país.

Además, a lo largo del país se proponen proyectos de ley para cerrar las compañías que contraten obreros indocumentados, para cortar fondos a toda organización de caridad que ayuda a los indocumentados, para hacer que sea un crimen para el inmigrante el sólo estar presente en el estado, para penalizar a los arrendadores que les arrienden apartamentos, para negarles servicio médico y el acceso a las escuelas y universidades, para penalizar a los bancos que les den servicios, etc. Se está proponiendo negarle la ciudadanía a los niños nacidos en el país de padres indocumentados, lo cual sería negar la enmienda 14 de la Constitución: “Todas las personas nacidas… en los Estados Unidos… son ciudadanos de los Estados Unidos y del Estado en el que residen” (sección 1). Por lo menos uno de los padres de más de 3 millones de niños nacidos en el país es indocumentado.

Otro aspecto de la pesadilla que sufren es el resurgimiento de grupos como el Ku Klux Klan. Desde abril del año 2006, han surgido unos 144 grupos nativistas extremistas activos en 39 estados. Los medios de comunicación siembran el odio creando una imagen desfigurada de los indocumentados para no ver la imagen de Dios en ellos.

La Biblia afirma que Dios “defiende la causa del huérfano y de la viuda, y muestra su amor por el extranjero, proveyéndole d ropa y alimentos” (Deuteronomio 10:18). Por eso, Dios exhorta a su iglesia a amar al inmigrante (Deuteronomio 10:19), a proveer para él (Levítico 19:10), a tratarlo como a un nacional (Levítico 19:34) y a juzgarlo sin discriminación (Deuteronomio 1:16; 24:17; 27:19). Comparemos estas enseñanzas de Dios con nuestros sentimientos y actitudes, para reflexionar de qué lado estamos en esta materia.

--Humberto Casanova 

La identificación del artículo: 252


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