Teología de Dominio
Eliezer Valentín-Castañón
Hace muchos años, cuando todavía era parte de una iglesia pentecostal, en Puerto Rico, escuché por primera vez hablar de la Teología de Dominio, que también se le conoce como teonomía o gobierno de Dios en la tierra. Esta teología describe un movimiento cristiano que busca aplicar el pasaje de Génesis 1:27, 28 a toda la realidad social y política en que vivimos. Se argumenta que, cuando Dios le entregó a Adán y Eva dominio sobre la creación, esta autoridad continúa hasta el presente. Por lo menos esta ha sido la interpretación que se ha sostenido en la tradición judeocristiana. Esta modalidad teológica se comienza a utilizar en los Estados Unidos durante el siglo XIX como para justificar la doctrina imperialista del destino manifiesto. Esta teología forma parte de la ideología que domina tanto a los cristianos del siglo XIX como al movimiento fundamentalista que emerge definitivamente a principios del XX. En los últimos 30 a 40 años, sin embargo, la Teología del Dominio ha vuelto a surgir en círculos cristianos fundamentalistas y conservadores. Se cree que, cuando Dios entrega todo dominio y autoridad al “hombre”, toca a todos los cristianos ejercer este dominio. Esta noción ha sido afirmada utilizando también las palabras de Mateo 28:18, donde se dice que Jesús ha recibido todo dominio (o autoridad) sobre la tierra. Muchos cristianos toman este texto como parte de nuestra herencia. Nosotros también tenemos dominio (o potestad) sobre la creación al ser discípulos de Jesús. De modo que, los fundamentalistas sostienen que, tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento, Dios claramente ha dado a los cristianos la autoridad para dominar sobre el mundo natural y social. Dios quiere que implantemos un gobierno que esté más en línea con las demandas de un sistema teonómico. Los que somos discípulos de Cristo hemos recibido el poder para dominar de acuerdo a la voluntad de Dios. Se supone que este entendimiento teológico debería mover a los verdaderos cristianos a realizar la obligación moral de influenciar y cambiar la política pública norteamericana para que esta refleje la voluntad de Dios. Billy Graham describió claramente esta postura en una entrevista que se llevó a cabo el 29 de abril de 1985 en el programa Club 700. “Ha llegado el tiempo”, dijo Graham, “de que los evangélicos piensen en organizarse corporativamente… Estoy a favor de que los evangélicos sean candidatos políticos y que logren ser electos para servir en escaños públicos y de ser posible asuman control del Congreso, control de la burocracia y control de la rama ejecutiva del gobierno. Creo que si se lo dejamos al otro lado, estaremos perdidos. Quisiera ver a todo creyente verdadero involucrado en el proceso político de una u otra forma”. Para darle al Rdo. Graham el beneficio de la duda, nos imaginamos que su deseo fue animar a todo buen cristiano a asumir un rol más activo en la vida política del país, para que así todos juntos busquemos soluciones a nuestros problemas comunes. Todos juntos, cristianos, judíos, musulmanes, budistas, creyentes y no creyentes, tenemos que velar por los asuntos que impactan a la vida de nuestro país y del mundo. Esto sería una versión positiva de esta teología y lo que inspira a muchos cristianos hoy. Sin embargo, no todo el mundo ve las cosas desde esta perspectiva. La Teología de Dominio, en las versiones de personas como Pat Robertson, Jerry Farwell, James Dobson y otros, funciona para validar una cultura de opresión que ve en sus reclamos la mano de Dios trabajando para lograr sus fines de establecer el régimen de Dios en la tierra aunque en el camino tengamos que cometer actos atroces para alcanzar la meta. La Teología de Dominio ofrece también una base de apoyo para aquellos que quieren justificar su sentido de superioridad basado en el “color blanco” de su piel. Esta fue la misma teología que utilizaron nuestros hermanos y hermanas, en el siglo XIX, para mantener el sistema de la esclavitud porque los esclavos se tenían como seres inferiores necesitados de la dirección de sus hermanos cristianos blancos. En una sociedad viciada por el racismo, el sexismo, el clasismo y otros “ismos”, el resultado de esta teología es que nos lleva a repetir los mismos errores que se cometieron, en nombre de Dios, en el siglo XIX.
--Eliezer Valentín-Castañón es Secretario General Asociado de la Junta General de Religión y Raza
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