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Portada septembre - octubre 2006 El inmigrante: un guerrero sin fronteras

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El inmigrante: un guerrero sin fronteras

Rdo. Felipe Pérez

En los Estados Unidos, el inmigrante es un guerrero sin fronteras que sueña y lucha por alcanzar un mañana mejor para él y su familia. Abandona su país en busca del desarrollo que cree habrá de encontrar en este país. Sus armas de combate son su fuerza de trabajo y su determinación por cruzar la frontera y convertirse en paradigma de progreso.

Desde el momento que deja su tierra, el inmigrante tiene que enfrentar tremendas dificultades que, en ocasiones, se traducen en la pérdida misma de su vida. Aunque está entregado a lo cotidiano, se encuentra inmerso en una vida de locura. Tiene el valor suficiente para dejar el terruño en busca de sus sueños. En su trayectoria experimenta derrotas, desánimo y hasta el sinsentido.

Estas experiencias son parte de la vida de muchos inmigrantes que en este país realizan una labor noble y peligrosa. No siempre se sienten seguros de lo que están haciendo y, por lo general, pasan las noches en vela, pensando en los familiares que dejaron atrás. Además, buscan una razón para explicar su alejamiento de la familia y de su pueblo. Por eso, son guerreros sin frontera.

Al iniciar su viaje, los inmigrantes experimentan un sentimiento de incertidumbre por la ausencia de estrategias personales, familiares y comunitarias que suplan sus necesidades. Aun cuando conozcan las condiciones del cruce de la frontera, las condiciones hostiles del desierto o los grupos que pueden asaltarlos, todo apunta a que han de experimentar condiciones de alta vulnerabilidad.

A medida que la lucha avanza, el guerrero descubre que su perspectiva del lugar de destino fue equivocada y que necesita más entrenamiento para poder vencer todos los obstáculos de su condición de indocumentado. Desde el momento en que comienza a andar, reconoce que habrá de ir por un camino incierto. Cada piedra, cada región de la frontera desértica le da la bienvenida. Se identifica con las montañas y los arroyos que dejó atrás, ve un poco de su alma en las plantas, en los animales y las aves del campo. Toma tiempo para sentarse en un lugar tranquilo donde la patrulla fronteriza no lo vea y se entrega a la reflexión divina, se concentra en los desafíos de su paso por el desierto. Sus decisiones son tomadas con valor, desprendimiento y a veces con una cierta dosis de locura.

No se avergüenza retirarse provisionalmente del combate, si la patrulla fronteriza lo arresta o si percibe que su enemigo es más fuerte. En ocasiones manifiesta su fastidio con arranques de violencia incontrolada. Esto refuerza los estereotipos negativos que otros grupos sociales en el país tienen respecto al inmigrante. Pero el guerrero sin frontera no siempre se enfrenta a los desafíos con arranques de violencia. Más bien son víctimas de la violencia y del menosprecio por parte de los que los explotan y de los que no reconocen los beneficios de toda su actividad económica. Un guerrero sin frontera es portavoz y símbolo de un pueblo noble, humilde, afanoso y gentil.

--Rdo. Felipe Pérez , Misión de Highland Acres, Lake Placid, Florida

La identificación del artículo: 194


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